Tras una grave y larga
dolencia, falleció en la Habana la presidenta de la Federación de
Mujeres Cubanas, la santiaguera Vilma Espín. Ocupó este cargo por largos
cuarenta y ocho años y medio. Era miembro de una prominente familia
oriental y cuando decidió convertirse en guerrillera subió a la Sierra
con cuanta comodidad pudo trasladar, por no decir lujo, pues se solía
decir que Castro hacia chistes del baño de Vilma en aquel lugar.
Su dirigencia fue muy simple,
nunca llamó la atención por sus proyectos, se limitó a seguir las pautas
que marcaba el comandante en jefe y no hizo nada por iniciativa propia.
Por ejemplo, nunca alzó su voz para protestar por las estrecheces que
sufre nuestro pueblo y que las mujeres son las que soportan
estoicamente, por su condición de jefas del hogar. Jamás habló de la
infancia sin leche, ni del altísimo número de mujeres encarceladas (hay
más cárceles de mujeres que de hombres), ni del jineterismo (en el argot
cubano esa palabra es sinónimo de prostitución) al que se ven obligadas
muchas de nuestras compatriotas, a pesar de que en los inicios de la
Tiranía, el comandante se llenaba la boca para decir en cada discurso
que "Cuba era el prostíbulo de los Estados Unidos".
Sí, cuando ella le hablaba a
las federadas era solamente para pedirles más sacrificios, más trabajo
voluntario, más paciencia ante las enormes dificultades que confrontaban
nuestras mujeres en su diario vivir, jamás para exigir un derecho, una
comodidad, etc. Mientras demandaba todo esto, ella pasaba largas
temporadas en París, ciudad que le encantaba, y tanto ella como sus
hijas se vestían con exquisitas confecciones españolas y se calzaban con
los más exclusivos modelos de zapatos franceses
¡Qué
rico es pedirles sacrificios a los demás!
Desde el inicio de la tiranía
castrista, se comentaba que su posición se la había ganado con la
traición a Frank País, a quien se decía había delatado ante las
autoridades revelándoles su escondite. En los primeros tiempos se
consideró que esto era un problema de rivalidad entre católicos y
bautistas, luego se sabría que había seguido ordenes del que más tarde
sería dueño de la isla.
Ya en su posición, jamás
cedió terreno ni nadie osó disputárselo, ni siquiera Caridad Molina de
Dórticos, ni Dalia Soto del Valle, la actual esposa de Fidel Castro.
Ella era intocable, pero asimismo en absoluto sometimiento al jefe que
no osaba contradecir, sólo le interesaba que sus privilegios
permaneciesen inalterables.
Sólo una vez se le vio
titubear y fue en el juicio de Ochoa y los Hermanos de la Guardia. En el
momento de firmar el pliego de la sentencia se notó muy emocionada y
algunos hasta pensamos que se iba a negar, pero no, su ansia de poder y
su amor por la buena vida pudo más y firmó.
Ahora, ya debe haber rendido
cuentas o, quizás, todavía no ha terminado de rendirlas porque es
demasiado largo el proceso de agobio al que sometió a las cubanas, así
como la traición a Frank País y sabrá Dios a cuantos más que de alguna
manera tratará de explicar. Tal vez ahora necesite la famosa dialéctica
marxista más que nunca, pues debe estar tratando de convencer a Dios que
todo lo que hizo fue "justo y necesario", como dicen ellos cuando tratan
de justificar algo que no tiene explicación.
Y quizás Dios la perdone,
pero ¿podrá hacerlo nuestro pueblo? .